miércoles, 20 de agosto de 2014

Reflexión 9



- ¿Hola, tienes un minuto?
- Sí, claro.
- Mira, lo que pasa es que mi hija quiere estudiar actuación. Yo he sido actor, pero sabes, ahora me dedico a otra cosa. Ya sabes, la situación…
- Entiendo, claro.
- Podrías explicarle… quizá tú podrías darle un alcance… si podrá lograr algo… no sé…
[…]

Pienso… ¿La animo? ¿Con qué derecho? En este mundo donde predomina lo plástico, y se va creando un medio hollywoodense –entre aciertos y torpezas-, me es muy difícil dar una respuesta asertiva.

Acepté el camino del arte a temprana edad, con un afán de búsqueda de nuevas expresiones. No mentiré: el ego, la búsqueda del aplauso me resultan atractivas. Como novel, aquel muchacho que miraba la tele soñaba con ser el próximo ícono de las generaciones. Un Luis Miguel que encandilara con su voz, con el porte de James Dean y la ternura de Charles Chaplin; correr para que los fans no te alcancen y cenar en la torre Eifeld luego de haber grabado con Spielberg o Almodóvar -aunque ahora preferiría a Del Toro-.

Sin embargo, la vida fue sabia –y hasta severa- para darme lecciones.
- Buenas, ¿aquí dan clases de actuación?
- Sí, ¿te vas a inscribir?
- Sí. Este… ¿podré aparecer en la tele?
- Ni idea. Empiezas el próximo lunes

Y así fue como llegué a mi primera escuela, mi primer contacto con lo que sería mi modus vivendi per saecula saeculorum – o sea, lo que hago y haré hasta que entregue el equipo- . Sin dormir desde el viernes en que me inscribí, asistí muy emocionado. Me vestí con lo mejor, me puse todo el gel que pude en el cabello y me puse un poco de cada perfume que tenía – una de mis pasiones es coleccionar perfumes -. Mataba con la presencia y con esa mezcla de perfumes tanto que nadie se me acercó en el bus. A mi modo de ver estaba listo para la cámara.
- ¿Aquí es la clase?
- Sí, ¿eres nuevo no?
- Sí claro.
- Genial, cámbiate. Ahí están los baños.

Resumen: tres horas para alistarme y cinco para volver a ser real. Un día de ejercicios atroz y muchas indicaciones sobre la energía y el peso.
- ¿Estamos en clase de actuación?
- ¡Concéntrate!
- Perdón…

Inseguro de todo, asustado y adolorido, me pase los siguientes días preguntándome si es que era necesario todo aquello, o si el profesor nos tenía encono. No, no era lo que yo había visto. No había luces, ni cámaras, ni fans… no había todo lo que yo había soñado.
- El ser actor no es fácil. Tenemos un trabajo riguroso por hacer y estoy seguro que muchos de ustedes no va a terminar el curso. Aquí sólo se quedan los guerreros, los que en realidad valen. O actúan, o aplauden ¡Decidan!

Y es cierto.  Desde aquel día, no he parado de llorar, de reír, de molestarme, de sentirme impotente, con ganas de mandar todo al diablo, de decir que ya no puedo más, que llegué al límite. Y lo hice muchas veces, en silencio, caminando por la calle, sintiendo que me habían calificado injustamente, que me habían criticado con tirria. Mis ilusiones cada vez cobraban mayor distancia.
¿Esto es lo que quiero? Días, semanas y hasta meses de intenso trabajo físico y vocal, ¿para poder aparecer ante el público? ¿Días en que no puedo dormir aprendiéndome la letra y ensayando a cada momento? ¿Hablando como un orate mientras soportas que toda tu familia se ría mientras piensas que te estás volviendo loco, o perdiendo el valioso tiempo de la juventud? ¿Era necesario abandonar a tus amigos de infancia, que tenían reuniones los fines de semana, mientras tú te dedicabas a apoyar en producciones? ¿Era necesario levantarse tan temprano, recoger una escenografía, y quedarte hasta ser el último que cerraba el teatro?

El teatro es un trabajo en equipo.
El teatro sólo quiere a los que tienen pasión, disciplina.
El teatro no soporta a los holgazanes.
El teatro eres tú.
El ataque fue frontal, una vez más, caminar por las calles de esta ciudad color panza de burro no es grato, sobre todo si vas con esa desilusión en las entrañas. Nada es más triste que ver a un chico con las ilusiones en mil pedazos.

- A nadie le interesa si estás enfermo o no. Tú trabajo es dar emociones, no lástima. Y si no puedes hacerlo, la puerta está abierta. Métete esto en la cabeza: un actor es importante, pero no es imprescindible. Y si eres actor, anda, lávate la cara, regresa y hazlo bien.

Crudo, directo. El sestado perfecto a mis ilusiones juveniles. Camino al baño, recorro ese pasillo en silencio. Me encierro en el baño y me miro en el espejo. En buzo, lleno de sudor, sin zapatos. Sólo y conmigo, en silencio.
- Me voy…
- ¡Cállate mierda! Lávate la cara y vuelve.
- Putamare.
- Arriba esa cara carajo. ¡Regresa ya!

Y luego de ese soliloquio esquizofrénico, me di cuenta de que fue la primera vez en mucho tiempo que me sentía rebelde, ante mí mismo. Comprendí que todo lo bueno que te puede suceder es producto de un esfuerzo, que tienes que seguir adelante sea como sea, que si ese es tu sueño, tienes que luchar.

La vida te enseña y muy bien, es tan sabia que si no aprendiste la lección, con gusto te echa de nuevo la clase y hasta doble tarea te regala.

El arte es vida misma y la vida misma es arte. El arte se encuentra en todo. En lo mejor y en lo peor de tus momentos. Y desde que lo descubres, ya no puedes vivir sin él.
- No estuvo mal. Mañana seguiremos con el ensayo.

Salgo de madrugada y camino, con llovizna de invierno. Mis lágrimas ahora son de alegría, de confusión. De mucha emoción, debo de aprenderme más que un libreto, debo de aprenderme una vida que no es mía, y que no debo de ser un intérprete, sino un personaje. Que no basta con la técnica, que hay algo más que eso que dijo ese ruso al que todos veneran.

No, hay algo más que eso. Un universo que es mucho más que las ilusiones de un adolescente, que es mucho más que técnica y escuela. Que es pasión, disciplina, humildad.

He visto a muchos actores pasar por escuelas, pero que ahora viven renegados, con familia y sueños truncados, que quizá la vida –o el teatro- no le dio la chance. También, he visto a otros que sin tener estudios tuvieron ese carisma que los hizo solícitos. Y otros, que entregan su vida cuerpo y honra por cinco minutos de fama, parásitos que bufonean y existirán porque también son parte de la naturaleza humana.

El teatro te enseña a reconocerte, revolucionarte, compartir. Y sus caminos son vastos y en ocasiones complejos.
- ¿Y podré llegar a ser alguien?
- Ni idea.
Silencio.
- Pero… ¿podré aparecer en la tele?
- No lo sé.
- ¿Pero no eres profesor?
- ¿Y quién te dijo que el teatro se enseña?
Silencio mayor.
- ¿Entonces qué hago?
- Esto es una carrera donde tendrás que esforzarte mucho. ¿Estás segura que puedes?
- Sí. Voy a ser una gran actriz.
Definitivamente, no te puedo cortar las alas. No sé si serás actriz, o quizá luego abandones y seas la próxima empleada de un fast food, no lo sé. No sé si algún día te veré triunfando en grandes escenarios, o en el cine y hasta quizá te olvides de este día y de quien te habla. No lo sé…
- Mi papá me dice que estudie otra carrera.
- Hazlo.
- Pero yo quiero ser actriz.
- Hazlo entonces.
- No me ayudas mucho…
- Digo que hagas lo que te dicta tu corazón.
- ¡Pero no me animas!
- Tú haz lo que tengas que hacer. Pero si lo haces, sé la mejor.
- ¿Me ayudarás a ser la mejor?
- Sólo puedo ayudarte con lo que sé.

Silencio nuevamente. Una sonrisa y una mirada cómplice. Creo que estamos entendiéndonos.

Al padre: conozco a muchos ingenieros que son taxistas, y muchos taxistas que sin haber estudiado son empresarios. Conozco a muchos que pasaron por excelentes universidades y hoy siguen siendo vendedores y esclavos de un sistema económico que cada vez nos quita más de lo que nos entrega. Conozco a mucha gente que tuvo menos oportunidades y ahora es exitosa. Conozco a quienes tuvieron todo y hoy no tienen nada, ni una sopa.

Pero también conozco de ese miedo, de esa preocupación constante por la que un padre que quiere lo mejor para sus hijos hace que se levante por la madrugada y regrese agotado por la noche. Por ese padre que se envejece soñando por un feliz futuro para sus hijos. Por una madre que se amanece y se desvela cosiendo el vestido y la camisa.
- En el colegio soy la mejor. Sé llorar rápido y soy la más payasa.
- Ah…
- También hago sketch. Y canto y bailo.

No hay respuesta fácil para resolver el futuro de nadie. Hoy sales graduada con honores, pero mañana tienes cáncer y te mueres. Hoy eres un profesional, pero te casas y te guardas el cartón porque tuviste hijos antes de tiempo. Hoy celebras un post grado, pero mañana te vas de viaje y tienes un accidente. O te da ébola.
- ¿Qué sientes cuando estás en el escenario?
- Electricidad.
- Eso es de Billy Elliot, habla con tus propias palabras.
- Me apasiona todo… en serio. No me desanimes.
- No lo hago.
- Sí lo haces. Pero igual voy a estudiar contigo ¿no?
- ¿Y por qué conmigo?

Siempre lo he dicho: es cuestión de química. Un maestro se compromete, dedica su energía y esfuerzo, ama y sentencia, perdona y otorga. El alumno yerra, aprende y corrige. Si es que el yin yang se establece, ha empezado tu camino. Si un maestro te exige, es porque ha encontrado algo que puede funcionar. De lo contrario, agradece y sigue buscando. Y nunca compares.

He compartido con muchos maestros. Me vapulearon, confrontaron, retaron –no me la hicieron fácil, digamos-. Y a todos ellos les digo: gracias maestros por enseñarme a que no hay nada que dar por cierto y absoluto y que la tolerancia puede ser la clave para una  nueva forma de expresión.

Como alumno: callar y obedecer ¿te animas?
- Hay otros talleres ¿no? ahí enseñan los de la tele.
- Sí, también.
- ¿Y son buenos? ¿Si me meto podré estar en la tele?

Corría el año del cambio de siglo cuando conocí una agencia de modelos. Tú puedes ser una gran modelo, un gran actor. Gente que quería escuchar eso, y que embelesada se unía a los constantes eventos en donde se les hacía modelar, cantar o actuar para que los “productores” puedan “verlos” y “jalarlos”. Gente que tenía como objetivo aparecer en la tele, en aquel espacio mágico que enamora a los crédulos.

Pero ¿es que en realidad podrían llegar ellos, gente normal, regordeta y sin más que sus ganas de aparecer en la tele? ¿Gente llena de soberbia por tener un poco de belleza? ¿Gente que provenía de barriada y tenía un verbo florido? ¿Chicos capaces de todo por cinco minutos para hacer lo que sea?

Miro la tele ahora. Callado, observo el proceso del cual somos víctimas y protagonistas. Porque la globalización nos abre un mundo de posibilidades. Nos instruye y embrutece. Porque fuimos uno de los pocos países en exportar Magalys y Bozzos y reventar los niveles de audiencia con llantos, vedettes, golpes y carritos sangucheros. Y las novelas se escaparon de su espacio e invadieron todos los espacios, hasta la vida misma. Porque los que están en la tele necesitan mantener su espacio, y claro, necesitan hacer lo que sea para no perder esos jugosos sueldos. Porque han aprendido que nos gusta el morbo y ahora las novelas se hacen en vivo. Sacadas de vuelta, peleas por paternidad y hasta filtraciones de fotos en traje de Adán son propias de un menú para el marrano televidente.

Pero son exitosos. Digan lo que digan y sanseacabó. Y si quieres estar ahí, pues aprende lo anterior, y asume que van a destrozarte y reconstruirte según lo que se necesita.

¿Es arte? Yo creo que sí. Porque el arte también agrede, te afecta, y sus modos de estar son extraordinarios. Estamos atravesando un cambio, de estructuras, de destrucción y de una posible revalorización. Un revuelo del que, en algunos años, seremos víctimas o precursores.

- Pero a mí no me gustaría exponer mi vida en público.
- No lo hagas.
- Pero eso lo hacen todos.
- ¿Y te gusta?
¿Y dónde queda la ética de un artista? Se supone que tu trabajo es de lo único que se debe de hablar. Pero, ni modo, ahora todos publican – publicamos- nuestros estados emocionales. No sabes que ahora el poder de credibilidad de tu propia vida lo tiene una red social.
- Me inscribiré el próximo mes. Y haremos una obra ¿no?
- Eso intento.
- Bravazo. ¡Lo vamos a hacer!

Lo único que te puedo decir, es que te puedo dar mi experiencia y que quizá, la técnica que uses te sirva para algo. Que me gustaría verte convertida en toda una artista, que sepas en realidad que el arte es el camino que elegí y del cual no me arrepiento, porque me hace vivir intensamente, y espero respirar y seguir alentando a más generaciones para que sigan creciendo.

Y si luego quieres continuar aprendiendo, bienvenida, porque aún existe gente ilusionada, la antigua y la nueva, que aún mantiene espacios vivos de trabajo, donde se explora, se experimenta y te enseña que ser artista es más de lo que crees. Que aún hay espacios donde puedes encontrar a gente joven, como tú, que quiere enseñarle al mundo entero que la televisión no es el único lugar en donde te pueden llamar artista. Que hay muchos que son amados y respetados por haber hecho del arte su vida y aporte a nuestra efímera existencia.

Aún existen escuelas en donde tienes el adjetivo de alumno y no de cliente. Que aún tenemos Quijotes y Sanchos, y que también existiremos hasta el fin de los tiempos.

¿Me preguntas que si vas a ser famoso? Ni idea, pero si al menos el teatro te ha dado la chance de seguir en él, cállate y date por bien servido.