miércoles, 7 de noviembre de 2007

Dos viejas van por la calle

Director: Miguel Pastor
Lugar: Centro Cultural CAFAE -SE

Fin de temporada domingo 18 de noviembre

Sebastián Salazar Bondy fue un artista múltiple. Pero sobre todo, era un gran ser humano. Un artista sensible para su tiempo, emprendedor, que quería, como todo artista anhela, que el público sienta, ría y llore con cada una de sus creaciones.

Miguel Pastor nos lleva de la mano hacia una Lima querida y entrañable. Una Lima del tiempo de valses, boleros y sobre todo, de inocencia, de amor y de las buenas costumbres. Pero también, a una Lima perversa, llena de ambiciosos y de mujeres carentes de piedad.

Dos viejas van por la calle, obra de Sebastián Salazar Bondy, es, desde varios puntos de vista, una obra que definitivamente no ha perdido vigencia en nuestro medio. Y más válido aún, del punto de vista que el director considera inspiración para llevarla al público: el mundo da vueltas, y algún día seremos viejos, ¿cómo nos gustaría ser tratado?

Desde el inicio de la obra hasta el final, el público ríe con las ocurrencias de Virola y Catrina, los pilares de la obra, que poco a poco van delatando sus experiencias, sus amores, y mostrándonos a aquella dama limeña dispuesta a dar amor, pero también llena de pudores y tan católicas como fieles a las buenas costumbres. Y aunque parezcan de acero al momento de defender sus principios, doblegan su carácter y aceptan su triste final, tal vez por orgullo, por el miedo al qué dirán, o simplemente, porque están viejas, solas e indefensas, y sienten que ya no podrán luchar más por defender la vida que gratamente las trató hasta ese entonces.

El elenco es de primera: Ofelia Lazo y Haydée Cáceres hacen gala de su experiencia। Pero sobre todo, están justo en la madurez artística que los personajes salazarinos exigen। Thaís Cavero, nos presenta a una Violante interesante, llena de matices y sobre todo, de una presencia en escena inolvidable. El resto del elenco cumple, aunque por momentos se deja extrañar la picardía, el salero criollo que está impregnado en los parlamentos de esta pieza.


Al salir de espectáculo, la gente comenta, algunas con los ojos lacrimosos, pero con una sonrisa en el rostro. Sentimientos encontrados y posiblemente, una reflexión para aquellas personas que se identificaron con algún personaje, o quizás, son los personajes que en su momento Sebastián conoció y los plasmó en esta pieza teatral. Ellos, pudorosamente saldrán de la sala, en silencio.

Miguel ha logrado un espectáculo agradable, y sobre todo, que llega al público como un delicioso suspiro limeño. Entrañable.

Daniel Manchego