viernes, 23 de mayo de 2014

10 minutos

Llega tarde, callada se sienta y escucha muy atenta. El grupo presenta su performance, casi todo ha terminado. Pero ella va calentando, intentando no desconcentrar a nadie. Me desconcierta. La reto y hace lo que sus compañeros en escena, vive. Me llega un recuerdo cuando corría o viajaba en un taxi desesperado, cambiándome mientras un chofer medio desconcertado aceleraba en la vía expresa, lamentando mi suerte de no poder disponer de más tiempo para realizar mi sueño. Un gracias corriendo al taxista y llegar a disfrutar tan sólo media hora, treinta minutos de aquello que ya se acababa. Se va contenta, como yo cuando salía de clase. A veces pocos minutos valen la pena cuando se usan para concretar un gran sueño. Me quedo contento porque sé que ha disfrutado, descontento porque ha llegado tarde, feliz de aportado algo a sus sueños e inquieto de saber qué pasará la próxima clase, intrigado de saber si llegará temprano y esperanzado de que haga las cosas cada vez mejor. Retorno a casa, quizá soñando como ella, como todos. Mierda, no sé por qué me puse sensible. Ya no voy por una coke, ahora me acompaña el viejo Sauvignon que abriga un cuerpo de experiencias, lágrimas, recuerdos, noches bohemias, canciones, sexo, caricias furtivas y miradas nuevas, que me devuelven a esta Lima tan ella, ególatra y ora bruta, miradas que necesitan de saber que todo es posible si tienes fe. Hoy tengo ganas de seguir compartiendo lo que he aprendido y quiero, con todo el corazón, aplaudirte con estas manos que ya duelen y con estos ojos que poco a poco se me están apagando. Ya no soy más el chico inquieto, ahora soy un hombre de teatro con una gran familia, con hijos del arte. Quedo agradecido con la vida: soy el más rico del mundo, porque tengo siempre un abrazo y una sonrisa sincera, y amigos con quienes charlar y confiar, que me perdonan, me quieren. Sueño con todos y cada uno, siendo amigo y tirano, según convenga. Lo demás no importa, no existe, los elimina el universo, o quizá mi instinto. No tengo tiempo más que para hace arte, con un corazón que vive intensamente, como un purasangre. Después de muchos años comprendo: diez minutos… es un universo.