Llega tarde, callada se sienta y escucha muy atenta. El
grupo presenta su performance, casi todo ha terminado. Pero ella va calentando,
intentando no desconcentrar a nadie. Me desconcierta. La reto y hace lo que sus
compañeros en escena, vive. Me llega un recuerdo cuando corría o viajaba en un
taxi desesperado, cambiándome mientras un chofer medio desconcertado aceleraba
en la vía expresa, lamentando mi suerte de no poder disponer de más tiempo para
realizar mi sueño. Un gracias corriendo al taxista y llegar a disfrutar tan
sólo media hora, treinta minutos de aquello que ya se acababa. Se va contenta,
como yo cuando salía de clase. A veces pocos minutos valen la pena cuando se
usan para concretar un gran sueño. Me quedo contento porque sé que ha
disfrutado, descontento porque ha llegado tarde, feliz de aportado algo a sus
sueños e inquieto de saber qué pasará la próxima clase, intrigado de saber si
llegará temprano y esperanzado de que haga las cosas cada vez mejor. Retorno a
casa, quizá soñando como ella, como todos. Mierda, no sé por qué me puse
sensible. Ya no voy por una coke, ahora me acompaña el viejo Sauvignon que
abriga un cuerpo de experiencias, lágrimas, recuerdos, noches bohemias,
canciones, sexo, caricias furtivas y miradas nuevas, que me devuelven a esta
Lima tan ella, ególatra y ora bruta, miradas que necesitan de saber que todo es
posible si tienes fe. Hoy tengo ganas de seguir compartiendo lo que he aprendido
y quiero, con todo el corazón, aplaudirte con estas manos que ya duelen y con
estos ojos que poco a poco se me están apagando. Ya no soy más el chico
inquieto, ahora soy un hombre de teatro con una gran familia, con hijos del
arte. Quedo agradecido con la vida: soy el más rico del mundo, porque tengo
siempre un abrazo y una sonrisa sincera, y amigos con quienes charlar y
confiar, que me perdonan, me quieren. Sueño con todos y cada uno, siendo amigo
y tirano, según convenga. Lo demás no importa, no existe, los elimina el
universo, o quizá mi instinto. No tengo tiempo más que para hace arte, con un
corazón que vive intensamente, como un purasangre. Después de muchos años
comprendo: diez minutos… es un universo.
- ¡Era cabro, huevón! ¡Te lo dije! - ¡Ala que feo! - Hay que joderlo nomás… - O pero mi viejo dice que los cabros son sidosos… puta, mejor ya no lo invitamos a nuestras reus. - Oe sí, que se vaya a contagiar a otro lado Yo los escuchaba, en el cole. Con mi cabello engominado, mis excelentes notas y con un montón de lágrimas en la cara. Y sí, yo fui uno de los que sufrió este tipo de amenazas, peleas, jodas y demás. Fui feliz al dejar el colegio. Un lugar donde existen reyes, bufones, hadas y brujas. Donde pueden mejorar tu vida o cagarla en una sola frase. Y la psicóloga: - Si no quieres que te fastidien, pórtate como hombrecito. Anda a jugar al fútbol. - Pero miss, a mí no me gusta… - Vaya y juegue… Y fui un malísimo portero, recibía pelotazos y la burla de todos. Porque en ese momento hasta el dolor se vuelve risa, pero una risa malvada, dura, de esas que te congelan el alma y no se puede respirar. - No lo tomes a lo serio hijo, seguro estaban jugando, mañ...
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