jueves, 5 de julio de 2007

Reflexión 7

Desde hace mucho que no me sentaba en mi escritorio. Estos meses han sido tan intensos que no me han permitido escribir. Pero para alegría de algunos (y desagrado de otros) seguiré haciéndolo hasta que mis manos ya no respondan o hasta que mi modesto computador se malogre.

Busco mi fiel copa en la cocina y la encuentro. Un poco perdida entre los vasos y tazas. La lleno de vino tinto semiseco, y su olor atrevidamente besa mi boca. Pero tengo suficiente valor para contenerme y dejarla a mi diestra. Sólo por un momento, al menos.

A veces, me gustaría que la vida fuese tan simple y práctica. Pero desgraciadamente no lo es y no lo será nunca, gracias al millón de pensamientos que cada persona tiene y que jamás se podrán unificar en pro de un futuro. Pero es muy triste pensar, que a veces el pensamiento más puro y bello que un ser humano pueda tener, logre ser desechado como se hace con una colilla de cigarrillo.

Es medianoche. La gente está durmiendo en mi casa, en mi barrio. Posiblemente lo esté todo el país, excepto aquellos que tienen que hacer de día la noche. Y también medio mundo del otro continente está trabajando.

Entonces, decido unirme a ellos.

Estaba retrasado cuando llegué al ensayo general de mi último montaje. Esta vez, los musicales me han seducido y decidí hacer uno. Agradezco infinitamente a aquellos cómplices que me ayudaron para lograr sacar ese trabajo adelante.

Este espectáculo lo escribí solamente por pura diversión. Sí, y lo digo tranquilamente, lo escribí para divertirme con aquellos actores que quise ver en escena. Como resultado, obtuvimos un espectáculo colorido, con coreografías estupendas y mucha, pero mucha emoción. Fueron días maravillosos, de unión, de nuevos amigos, de una vez más convencerme que hay gente maravillosa que tiene muchas ganas de aprender, que tiene convicción y sobre todo, sueña.

Espero algún día, volver a ponerlo en escena.

Pero lo que más me llamó la atención, fue la contrapuesta de todos aquellos que presuntamente se autodenominan defensores del teatro. El escuchar sus comentarios, críticas y hasta sus burlas, que curiosamente hasta ahora sigo escuchando. Todos ellos alegaron que había desmeritado mi trabajo y que simplemente estaba yéndome hacia el camino del facilismo y la perdición.

Era acaso que ¿me estaba dirigiendo hacia la prostitución teatral? ¿Me estaba convirtiendo en un director de facilismos y excesos? Hasta ahora ciertamente no comprendo qué me quisieron decir exactamente. Y no lo entiendo por varias razones: tal vez porque aquellos que se vanaglorian de cuidar del buen teatro, hayan hecho, siguen y seguirán haciendo obras realmente mediocres, con un bajo nivel artístico y de poca audiencia. O están también, aquellos que hacen del teatro algo netamente teórico y que no aceptan trabajar en ningún otro proyecto que no sea de su propio agrado. Están también, aquellos que simplemente hablan por que la lengua no puede dejar de estar en constante actividad. Y finalmente, aquellos a los que no llaman a trabajar a ninguna producción.Me he terminado de reír mientras termino de escribir estas líneas. Siento que he sido muy duro y frío con mucha gente. Pero es justo esto lo que me ha dado pie para esta nueva reflexión.

¿Cuándo el teatro puede considerársele comercial?
¿Cuándo el teatro puede desmerecérsele como tal?
¿Cuándo el teatro es, en realidad, teatro?
¿Qué es realmente el teatro?

He tenido la oportunidad de ver obras, actuar en algunas y finalmente dirigir unas cuantas. Si es que en alguna oportunidad vieron que me retiré de la sala antes de que terminara la función, ha sido porque la obra no ha sido de mi agrado, porque no logré hacer ese clic con el espectáculo. Mas, eso no significa que no sea una obra realmente buena. Aún no sé qué es peor: estar en un espectáculo hecho con mucho esfuerzo y ganas pero que no logra hacer clic conmigo, o tener que espectar la obra con mucho esfuerzo y ganas y aplaudir de mala manera e ir a tomar una pastilla para el dolor de cabeza.

Obviamente, yo también sé lo que es hacer una obra en la cual la gente no esté satisfecha. He podido observar eso en sus caras, en su manera de saludar cuando te felicitan por tu trabajo, pero que luego te revelan su desagrado. Es cierto, te sientes mal, te da vergüenza, te pone triste saber que no es el mejor espectáculo y que no has llegado a dar el máximo de tu esfuerzo. Sí, es triste. Pero, sinceramente, lo prefiero a un saludo de compromiso, vacío y hueco.

Y sin embargo, sigue siendo teatro. Teatro con miles de vertientes y de formas. Teatro que está en proceso constante de evolución, de gente que en realidad quiere hacer algo más que el mero formato preestablecido. Eso es loable. Que no me guste, vamos, no todo me va a gustar, ni tampoco lo que hago tiene que gustarle a toda la gente.

Lo bueno del teatro, es que si se hace en realidad con mucha pasión, logra resultados completamente inesperados. Tal vez sea por eso que siempre estoy en busca de nuevas transgresiones, de llevar a extremos lo que yo considero mis propias limitaciones y prejuicios. Porque siempre existirá gente que critique, que te escuche, que te comprenda y que te olvide.
El teatro comercial, llamado comúnmente al tipo de teatro lleno de luces y bailes que no tienen un mensaje, es el que curiosamente llena las salas de teatro. Bueno, al menos con mucha más seguridad de audiencia que el de aquel teatro sesudo y pensado. Y no, definitivamente con esta afirmación no estoy aduciendo ni proponiendo que los que hacemos teatro nos aboquemos hacia este formato, sino que da pie a muchas respuestas. La gente no está acostumbrada a ver teatro. He escuchado a mucha gente decir que quiere ir al teatro a divertirse, a no pensar, sino a pasar un momento agradable, divertido. Y están en pleno derecho de hacerlo, así como hay gente que quiere ir al teatro a ver una obra que les entregue un mensaje, un pensamiento, algo que les alimente el espíritu.

El teatro experimental, si bien se caracteriza por ser de un contenido atractivo, intelectual, muchas veces ha caído en el lado más triste. Bajos presupuestos, utilería sencilla y casi nula. No, no creo que a eso se le pueda llamar minimalista. Es simplemente una clara muestra de que no existe un presupuesto correcto para poder levantar una obra de teatro digna. Y no es culpa de los directores ni de los actores. Al contrario, el hacer teatro experimental lo considero algo casi heroico, ya que se presentará para un reducido público ávido de este tipo de espectáculos.
Estoy seguro -y ya se ve en algunos grupos – que si pudiésemos tener un correcto equipo de producción, una publicidad adecuada y acceso de medios de comunicación que se preocuparan en realidad de hacer promoción a la cultura y a la educación de nuestro pueblo, otra sería la realidad de nuestro teatro. Pero, mientras existan programas que en su mayoría se preocupen de promocionar escándalos o nuevos implantes en senos lozanos, no podremos avanzar en nuestro camino.

El teatro experimental otorga una variedad de ideas, de las cuales muchas originan nuevas propuestas teatrales. Cada vez que he visto teatro experimental, he logrado aprender muchísimo. Tal vez, más de lo que pude haber aprendido en una escuela o talleres de formación.
El teatro comercial ha tenido más suerte. Si es que a una persona común y corriente –recalco esto a posibles reclamos de gente - la llevan a ver una obra de teatro musical, llena de luces, bailarines y actores, con un texto sencillo, posiblemente la escogerá en vez de ir a ver una obra dramática con textos filosóficos y de amplio desarrollo. Salvo casos excepcionales, como podría ser que el elenco de la obra dramática esté dotado con actores de moda.

Pero ¿qué podemos hacer contra todo aquello? ¿Qué podemos hacer contra todo esto? Preguntas que siempre me he hecho y sospecho seguiré realizándome por mucho tiempo más.

Hace unas semanas tuve la oportunidad de ir a ver una obra de teatro realmente buena. Los textos eran muy buenos y los actores de amplia trayectoria. A algunos de ellos los conocía e incluso, alguno fue mi maestro. Sus voces transmitían perfectamente el sentimiento y las emociones de cada uno de sus personajes. El texto muy bien escrito, en verso, muy difícil para su representación, y, sin embargo, se escuchaba muy bien en aquellos actores de teatro. El escenario era muy ingenioso y sencillo, transformable, ora en una silla, ora en un cementerio. Definitivamente, la creatividad estaba presente en todo el espectáculo. Aplaudí maravillado por aquella puesta de teatro, junto con las quince personas que estábamos ahí, en aquel auditorio preparado para un estreno de ciento cincuenta personas.

Tomo otra copa de vino y reviso en mis apuntes, mis clases para dictar al día siguiente. El pensamiento vuela y la conversación que sostuve hace mucho con un gran amigo llega a mi mente.

- Yo hago teatro porque me gusta- me dice
- ¿Y qué tipo de teatro te gusta? – pregunto
- El que es pensado, el que tiene algo qué decir. Como Lorca, Brecht.
- Todos tienen algo que decir. Lo que pasa es que algunos lo dicen de manera más sencilla.
- No, algunos hacen un teatro frívolo.
- ¿Pero y si no va gente?
- No importa eso, la idea es que sigas haciendo lo que crees. – me responde con aquella envidiable convicción que desearía tener en este momento de reflexión.
- ¿Pero no se supone que el teatro se debe de hacer para que la gente vaya, piense, se divierta?
- No todo es diversión, el teatro también es político.
- Sí, es político, pero si lo haces tan político o muy intelectual, no llegarás más que a un sector, porque no estamos acostumbrados a ver teatro. No estamos en Europa ni Nueva York. Y aún ahí, las grandes obras intelectuales se vuelven comerciales.

Me mira confundido. Aquella reunión pacífica se ha vuelto en un debate muy complejo, en donde ninguno de los dos va a quedar satisfecho con nuestros pensamientos. Lo que más aplaudo de aquel entrañable amigo, es que su entusiasmo lo ha llegado a construir un grupo de teatro, e incluso hay muchos que intentan seguir su trayectoria y están convencidos de lo que quieren lograr. Puedo decir entonces que lo ha logrado. Su pensamiento ha llegado y unificado el pensamiento de aquellas personas con las que ahora hace un tipo de teatro en el que creen y profesan.

Espero en algún momento volver a verlo y seguir aplaudiéndolo, como un hombre de teatro ya establecido y que ha aportado a nuestra cultura.

¿Pero eso es hacer teatro? ¿Sufrir con salas vacías? ¿O a veces pedir incesantemente una sala para un incierto pero más que probable, triste resultado? No lo sé.

Lo que sí sé es que cada vez más reconozco y admiro a la gente que tiene convicción en lo que hace y lo profesa. Que no actúa por intereses personales. En algún momento, escuché a algunos críticos de teatro discutir y tirar por el suelo una propuesta escénica, y luego, al día siguiente, incoherentemente, ver publicados elogiosos comentarios respecto a la misma propuesta teatral.

Intereses.

Pero todo a la vez sigue siendo teatro. Teatro para nosotros mismos. Teatro comercial y experimental. Teatro con altos y bajos presupuestos. Críticos con aguda capacidad y valores y amplia visión para emitir una crítica valorable. Críticos con nada de capacidad y poco valor para transmitir comentarios intrascendentes.

Me sirvo otra copa de vino, la otra se me acabó ya hace mucho.

Creo firmemente que el teatro es en realidad teatro cuando está hecho con pasión, con ganas. No importa el resultado económico, aunque siempre esperamos que sea el mejor. Creo que tenemos un gran compromiso con las noveles generaciones que recién empiezan y a las cuales se les debe de dar más apoyo. Creo en aquellas caras llenas de emoción cuando salen por primera vez a hacer una función y entregan el alma en cada momento. Ese tipo de teatro es el que más respeto se merece.

Y bueno, ya sea experimental, intelectual, o lo que posiblemente nuevas acepciones nos traiga esta re-evolución teatral, estoy seguro de que todo, todo ello, sigue, y seguirá siendo teatro.
Yo, seguiré investigando, haciendo propuestas que en realidad me interesen. No sé si serán buenas o malas, si tenga éxito o no, pero seguiré intentándolo. Los demás seguirán hablando, criticando, y yéndose, perdidos en el tiempo. Seguiré intentando absorber todo lo que pueda de este mundo lleno de historias, de los maestros que mantienen el firme compromiso de enseñar y de siempre aceptar nuevas propuestas y aportar al desarrollo de los noveles, que algún día ocuparán sus lugares. De gente que sigue cumpliendo sus sueños, y que sigue soñando.

Yo seguiré haciendo teatro.

Voy por una coke.
Dark