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Reflexión 3

Estuve yendo a varias presentaciones de teatro en estas semanasVengo de ver obras de teatro.,

y también a clases maestras dictadas en distintos puntos de la capital. Para ser sincero, debo de admitir que esta vez he ido bajo la premisa de “crítico” –que luego pasaré a discutir esa palabra, debido a que tengo algunos queridos amigos que usan este adjetivo tan peligroso- y pensar, darme una idea de lo que pasa a mi alrededor y en el teatro.

Para empezar, vVamos con las obras. Unos amigos me avisaron de algunas que resultan bastante interesantes, y otras interesantes por tener a algunos amigos en el escenario. En todo caso, y valga invitación de por medio, me apresté a ir.

Como acostumbro en todo espectáculo, trato de estar unos veinte minutos antes para estar tranquilo, validar la invitación e intercambiar opiniones con algunos amigos que encuentre antes del espectáculo. Esta vez, no encontré a nadie conocido. Salvo el director de la puesta, que me hizo un saludo y volvió a entrar a la sala. Entonces, me quedé solo, sentado, y mirando a la gente que poco a poco iba llegando.

Me doy cuenta de que hay un cambio en la gente. Ahora veo que hay más público en las salas. Es una ventaja (no digo bendición para no parecer patético), antes no teníamos tanto público. Recuerdo una función en la ya olvidada casona de Camaná, donde un director extranjero había preparado un muy buen montaje, con actores a punto de egresar, yo ocupando en ese entonces el puesto de sonidista y éramos felices si lográbamos tener a seis personas en la sala.

Empieza la función y me apresto a ir a uno de los asientos laterales para iniciar la retirada en caso de fuerza mayor. Debo de admitir que es una pésima costumbre el salirse a la mitad de una función de teatro apenas iniciada, pero considero una falta de respeto el ver una obra de teatro que no cumpla con el mínimo de los requisitos para lograr tener el el adjetivo antes mencionado. . Prometo cambiar esta actitud, sólo es cuestión de tiempo.

El teatro independiente en mi país ha evolucionado y creo que para bien. A este momento, no creo en la frase: “todo está hecho en el teatro”, que en algún momento algún profesor me la dijera en mis frustrados primeros intentos de dirección. Y la razón precisamente me lo da el teatro independiente, el experimental, la cuna de nuevos estilos. Eso es lo que me incentiva en mi afán de seguir adelante, de seguir explorando y buscando nuevas cosas.

EnSin embargo, no todo es bueno. Me acuerdo de la obra actuaba un amigo un actor que conocí en una de las obras a las que asistí. Recuerdo, hace algún tiempo atrás, cuando Me hablaba mucho de me hablaba del teatro, de su forma, de su trabajo, de coómo él consideraba al teatro, de la realidad actoral y hasta me dio una pequeña cátedra de investigación teatral enfrentándolo a una reciente puestas de ese entonces. Me dio tantos conceptos que demoré más de una semana en investigar algunos. Felizmente, a través de la Internet y de de amigos actores en los diferentes países del planeta, me ayudaron a pude conseguir algunos teoremas y artículosopiniones.

Pasaron los días y tuve la oportunidad de verlo Comienza la obra y lo veo en escena. En verdad me quedé admirado. Era increíble. Era increíble como cada uno de los puntos de los cuales me había hablado, de los teoremas e hipótesis lanzadas hace algún tiempoaquella noche antes de ver una obra de teatro, eran completamente ignorados.

Tal vez no sabe que está en un escenario, pensé. Tal vez la dirección ha errado. Tal vez el director lo ha atado de pies y manos y ha decidido que todo su conocimiento quede encerrado. Tal vez fue llamado a la última hora para cubrir la plaza de otro compañero y desconoce el papel y está siendo un mártir para salvar la obra. Tal vez este Stanislavsky tiene su propio método y debo de verlo y aprender.

Tal vez, tal vez...…

De pronto pasó lo inesperado. La gente se empezó a reír de los errores. La comedia se hizo graciosa por que la gente se reía de los errores. Y los aplausos eran fuertes. El actor y su elenco salieron a saludar mientras yo me daba cuenta que me había quedado más del tiempo tolerante para abandonar la sala ante y estaba siendo testigo presencial del aplauso del público.

El actor estaba feliz, rebosante de orgullo. Me quedé sentado, perplejo, tratando de entender qué es lo que había pasado, qué fenómeno psicológico habría ocurrido para que una puesta tan patética tuviera más público que aquella obra extraordinaria de hace diez años.

- Oye, Daniel, ¿qué te pareció la función?
- ¡Ah! felicidades, la puesta es…interesante.
- Pasa la voz, estamos hasta finales de este mes.

Salí rápidamente a la calle, y traté de perderme entre la gente. Caminé pensando en lo que había pasado. Comprendí que el público siempre va a tener diferentes maneras de responder. Sin embargo, entendí que no siempre el beneficio económico de un público asistente indica la calidad de las puestas.

Entro a un café teatro en miraflores. Pago mi entrada (esta vez sí pagué) y tras reclamar mi vodka rebajado con agua tónica, me siento a ver el espectáculo. Las luces se apagan y los actores más conocidos del ambiente televisivo salen a escena. La gente se divierte a más no poder. Las risas, los comentarios semi-groseros de los actores, hacen que el respetable se divierta a mandíbula batiente. Los arreglos en las luces, escenario y vestuario son notables, agradables. La música invita a bailar, y los bailarines hacen gala de su talento. Me olvido por completo de haber sido víctima de una hora de mal espectáculo y ahora me estoy divirtiendo con un tipo que está diciendo bromas entre compañeros y me divierto con ello. Los bailarines no se quedan atrás, destacando algunos más que otros. Las bromas más morbosas acerca de la sexualidad del actor o de la contextura física de las actrices son las más aplaudidas.

Termino mi vodka y el show también. El aplauso del público es impresionante, hay gente que se para a celebrar, los actores salen hasta tres veces a saludar. Es un éxito.

- Hola Daniel.

Se trataba del actor del montaje anterior.

- Hola ¿qué haciendo por aquí? – Le digo aturdido.
- Un amigo actúa aquí. Bueno dice que “actúa”.
(Una sonrisa de compromiso y un breve silencio. El actor inicia otra vez la conversación)
- ¿Mala función verdad?
- Bueno, siempre pasa.
- Pero siempre ha pasado. En verdad toda la puesta me parece terrible.
- Bueno, ya verás que mañana harás una función mejor.
- Hablo de esta obra Daniel, no de la mía.

El actor
pidió un café, yo un vodka adicional, y nos quedamos en silencio esta vez incómodo. No sabía como iniciar la conversación. No sabía como decirle que esta función, lejos de someterla a la tan famosa crítica teatral me había divertido. Y que su obra, aquel intento de comedia, había quedado en eso, en sólo un intento.

En casi todos los actores he encontrado animadversión a lo que significa hacer teatro comercial. Sin embargo, debemos de comprender que el teatro comercial ha evolucionado. Tal vez, aún el talón de Aquiles está en sus actores. El pensamiento de que el talento y la belleza física lo son todo para triunfar en la escena sigue siendo vigente, no sólo en el teatro, sino también en el cine y la producción televisiva. El productor sabe muy bien que un buen juego de luces, sonido eficiente y una sala limpia y acogedora, combinado con actores de buen porte es la combinación perfecta para un espectáculo.

El actor me llena de preguntas, me aturde. Se excusa en miles de técnicas, de parlamentos, de artículos hechos hasta por Vajtangov. Trato de entenderlo. Pero él entiende que no podrá convencerme. Me acusa de no ser comprensible y de ser un próximo prototipo comercial. Me dice que no sé apreciar el teatro en todas sus variantes, en sus nuevos estilos, de no comprender que el teatro está en un proceso de cambio, que hay nuevas propuestas y poco a poco éstas serán la moda en nuestra poca y acostumbrada sociedad.

Luego de haber intentado infructuosamente convencerlo de que no estoy a favor de ningún estilo, el actor sale y me deja con la palabra en la boca.

Bebo mi vodka y pienso. Pienso en que el teatro puede estar en constante evolución. Debe de estarlo. Pero no creo que un espectáculo se base en ese riesgo para mostrarlo al público. Si quiero realizar un proceso distinto, enfrentar una nueva propuesta, entonces llamaré a mi espectáculo como “Muestra” y no “Espectáculo”. Esto es por que la gente podrá definir y aprender a decidir a dónde irá.

El proceso de las técnicas de actuación también está cambiando. Estamos en una era en donde todo es tan mecanizado, sistematizado, que agradeceríamos ver en escena algo vivo. Teatralmente vivo. Algunos actores piensan que estar vivos significa olvidar la teatralidad, y es un error. Estoy seguro que quienes han creado los estilos y sus clasificaciones jamás olvidaron que aún dentro del estilo más estilizado o burdo exista vida, algo orgánico.

- La cuenta, señor.
- ¿Cuánto debo?
- 2 vodkas y un café. Aquí tiene.

Me pongo el pijama pensando en todo lo que me ha pasado esta noche. Pienso en la actitud del actor, de los métodos de actuación, en por qué trabajar tres meses para hacer algo bueno cuando el público prefiere obras hechas a base improvisación y morcillas. De por qué me preocupo de leer tanta teoría y de investigar por mi cuenta nuevas formas de expresión.

La respuesta del público ahora se convierte en la nueva paradoja. Un riesgo. Y caigo en la conclusión de que debo de seguir haciendo teatro, que hasta el momento no me ha ido tan mal como aquella obra de hace diez años, pero que debo de seguir investigando si lo que quiero es seguir o hacer una línea y no dejarme llevar por la corriente. De aprender, de trabajar y de experimentar.

Tal vez, en algún momento, encuentre nuevamente al actor y haya encontrado su estilo y sea aplaudido por su trabajo y ya no por sus errores. Tal vez me agrade su trabajo y lo estudie y lo considere en mi proceso de investigación. Tal vez el público siga dándome su incondicional asistencia como en obras anteriores.

Tal vez, algún día, el actor me pague el café que se pidió en aquel café teatro.

Voy por una coke

Dark

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