lunes, 6 de marzo de 2006

Y fue en el Club de Teatro de Lima


Fue la tercera vez que fui al Club en la que me matriculé. De esto, ni Zarela ni Melquíades se acordarán de mis anteriores visitas cada diciembre. Una vez matriculado, y a una cuadra del local, pensé en si lo que había hecho estaba bien. Venía de una serie de talleres y de haber pisado una escuela de teatro; y ahora estaba ahí a una cuadra del Club, con el recibo cuidadosamente hecho por Zarela a finales de diciembre. Me preguntaba si estaba bien la decisión que había tomado, ya que tres a?os en inversión no es para tomarlo a la ligera, y sobre todo cuando el curso elegido distaba mucho del mundo de ciencias al cual me había sumergido durante casi cuatro a?os.

Ni pensar en las primeras clases. Debo de estar tranquilo, esto ya lo he hecho antes, me decía. Sin embargo, al momento de ingresar al salón, que para variar llegué tarde, un original Gastello me invitó a pasar y yo con una cara de asustado me senté en la silla más próxima. Me tranquilicé al ver que había gente tanto o más nerviosa que yo, así que me fui relajando hasta que pude hablar sin tartamudear, o sin poner cara seria por cada pregunta, y sobre todo, conocer a los demás y, lo más difícil, dejar que me conocieran.

El primer a?o fue muy diferente a lo que yo había pensado. No existía la exigencia por parte del profesor, al menos no tan rígida como la que había tenido en otros lugares, pero había algo diferente. Me dieron algo que hace algún tiempo había dejado de hacer. El volver a so?ar. El volver a creer que mis sue?os y que mi imaginación fuera tan poderosa que la gente también lo creyera, y creyera en los tímidos personajes que empezaba a crear y luego, esta confianza me ayudó a reforzarlos, a hacerlos fuertes, consistentes, con una vida propia y ajena a la mía.

Debí de dejar de pensar como un analista de sistemas para empezar a razonar como un ni?o, sorprendiéndome todos los días con algo nuevo. Nunca dejando nada por sentado, sino que debería de experimentar todo lo que pudiese y así poder juntar las herramientas que me permitan crear. Para esto, la lucha contra mí mismo en el primer a?o fue crucial. Los amigos con los que estuve en ese a?o recordarán que en ese tiempo era uno de esos que no ofrecía algo interesante en escena. Frustración total, considerando que algunos tenían menos tiempo que yo.

Luego, me di cuenta de que tenía que volver a empezar a aprender. A redescubrir todo de nuevo. El teatro al final es eso. Redescubrir todo, aún lo conocido pero desde un ángulo nuevo, distinto. Debe de ser por eso que las obras, personajes, actos e incluso la misma escena nunca puede ser la misma, aún cuando se ejecute con los mismos actores.

Me dejó muy buenas experiencias ese a?o y grandes expectativas para el siguiente. Estaba ya convencido de que esto era lo que yo quería y que habían muchas cosas por las cuales trabajar. Aparte de ello, sabía que muchos de mis compa?eros dejarían el grupo, así como otros lo hicieron durante el a?o.

Un total y diferente Paco, al cual hoy puedo conocer un poco más, fue el que me ayudó a descubrir otros matices en el teatro los cuales no había explorado. El tener la oportunidad de asistirlo en la dirección, me hizo no solamente reforzar algunos conocimientos, sino que me instó a investigar, a preguntar y a buscar otras fuentes de información, para al menos poder sugerir con justificación un cambio en escena.

No puedo dejar de resaltar tampoco a un maestro: Reynaldo D?amore. Una clase con él era pasar por diferentes etapas del tiempo. Aprender, a través de ejercicios y hasta de una simple conversación. Una persona que tiene una actividad ininterrumpida en el dictado de clases por más de 50 a?os, y tiene la vitalidad de un adolescente, me contagió de su espíritu, de su pasión por el teatro.

Paco me ense?ó a arriesgar. Y me di cuenta que el mal hábito de analizar las cosas aún persistía. Esa forma de arriesgar, tan inocente, a veces injustificada, en la cual muchas veces me estrellé y otras acerté, me hicieron comprender que hay muchas cosas por aprender, y que el riesgo siempre será necesario en cada puesta siempre y cuando queramos ofrecer nuevas cosas al público. También, me di cuenta de la necesidad de un teatro de calidad, de la baja y casi inexistente producción que existe en el teatro. Me di cuenta de que gran parte del teatro está siendo manejado por fórmulas, con ?remakes? como la televisión (sino véase los espectáculos para ni?os, donde toda la música es de Disney y para colmo copiada pésimamente).
Por otro lado, aprendí a confiar en un director, en sus marcaciones. Y no es fácil, lo admito. Hubo ocasiones en que las marcaciones no me parecían las adecuadas, pero que al momento del estreno y las demás funciones lograron el efecto deseado. Caí en la cuenta de que uno debe de aceptar las marcaciones que el director hace (por algo está ahí y uno acepta estar en el juego teatral) ya que es su visión de cómo enfrentar el texto y de cómo trabajar con aquella inexperta masa humana, de la que yo formé parte.

Algo que definitivamente nunca se me había pasado por la cabeza, es precisamente lo que me está llevando a agilizar un poco mi proceso como actor y director. El escribir para el teatro. Fue la primera muestra de segundo a?o la que me dio la pauta para escribir algo, primero bajo la forma de una improvisación, para luego ser plasmado en algunas frases y convertirlas en una unidad, con un mismo fin.

Si algún día, Jorge y Miluska, mis amigos, leen esto, recordarán aquel sábado en el que llegué con una cruda terrible por haber estado en una fiesta y que empezamos a trabajar en lo que sería nuestra propuesta para la muestra de medio a?o. Gracias chicos, ustedes no saben cómo recuerdo ese día y aunque no me acuerdo lo que con la lengua trabada por el alcohol decía, tengo en mi memoria sus rostros, con las ganas de trabajar, con las ganas de hacer una propuesta buena, interesante.

Y precisamente fue con ellos con los que después haríamos las primeras bases para el grupo de teatro que se formó posteriormente: FORASTEROS.
Luego de haber dado algunos pasos ?mejor dicho tropiezos- por el campo de la dirección teatral, me di cuenta de algo más: de mi impresionante falta de conocimientos dentro del teatro. Y en el acto, me comprometí a seguir investigando, a empezar a redescubrir nuevamente todo, a mirar mi trabajo ya no sólo con una sola óptica, sino con todas las que pudiera. Y estudiar, conversar, mirar, criticar y sobretodo, seguir aprendiendo.

En esas estaba cuando caí en la cuenta de algo: el arte teatral es inmenso. Se necesita de más de una vida para estudiar todo lo que hay que estudiar. La cantidad de géneros y estilos teatrales que se establecieron a través de los a?os aparecen en un tiempo, para luego mezclarse y volver a aparecer dentro de diez o veinte a?os. Y claro, también hay que considerar, por solo nombrar uno, a los avances tecnológicos, los que hacen que las propuestas teatrales muten y generen, nuevos estilos. ?Me pregunto cómo se denominará en unos a?os al naciente teatro multimedia?
Ese segundo a?o me dejó muchas cosas para recordar. La segunda muestra me permitió sacar a la luz mis dos primeros monólogos teatrales. Me permitió conocerme a mí mismo, a mostrar mis ventajas y a trabajar sobre mis defectos. Y lo escribo ahora por que mi mente se está volviendo muy descuidada y pierde los recuerdos en el archivo de mi memoria. (Sonó un poco trillado, pero no lo quitaré de mi edición, nomás por puro capricho)

Y llegó el tercer a?o. Y llegó Sergio Arrau (yo le digo ?profe?). Y con él llegó una legión de preguntas nuevas que él tuvo a bien responder, refutar y reírse (sí lo hizo profe, admítalo) de mi cara de incredulidad o cuando llegaba a una respuesta sólo a través de las conversaciones. Con él pude dar mis primeros pasos dentro de la dirección con algo más que instinto y riesgo, sino también con bases teóricas. Aprendí a diferenciar al director tirano del director sugerente. Y a aprender algo más de los estilos y géneros; a reconocer los sectores del escenario; a sacar ventaja de los actores, a conseguir lo mejor de ellos, comprender que no es necesario ser un director de carácter hosco y terrible, sino que existen muchas maneras de conseguir un buen espectáculo estableciendo lazos de confianza y de apoyo. Que siendo director, también debes de saber de producción, sonido, luces, apuntes, maquillaje, etc. Sólo así podrás extraer el máximo de cada una de las partes y saber jugar en el armado de una obra.

Creo que estudiar con Sergio es un privilegio. No cualquiera tiene más de 150 obras en su haber, ni se ha paseado por medio mundo ense?ando y escribiendo y dirigiendo. Tiene las mismas ganas de hacer teatro que siempre, se ha equivocado, ha logrado éxitos, ha ganado premios y es reconocido en cualquier rincón del planeta. Su vida transcurre entre la Escuela Nacional de Arte Dramático (ENSAD), el Club de Teatro de Lima, talleres de Iguana, producciones infantiles y teatro serio. Hasta actores y estudiantes de otros países lo vienen a visitar (puedo dar fe de eso).Puede trabajar con gente novel, así como actores de la talla de Ivonne Frayssinet y Reynaldo Arenas. Claro está, aparte de seguir escribiendo y de dar la mano a alumnos noveles, como yo.

Fue en ese a?o cuando Paco me invita a un nuevo reto. Ense?ar. Y fue una llamada rápida la que un día recibí y me dijo ?quiero que me reemplaces en una clase? y yo acepté inmediatamente. Luego de ponerme contento por haber sido llamado, casi caigo preso del pánico al no saber cómo diablos iba a enfrentar a sus alumnos. Volví a mis apuntes, investigué. Y aprendí a ense?ar. Aprendí a que me escuchen y no solamente me oigan. Aprendí también a escuchar y darme cuenta de que mis investigaciones no caían en saco roto y tuve la oportunidad de experimentar lo que solamente había leído o a veces practicado con lo que ya era mi grupo de teatro. Luego, fueron unas clases más y así estuve hasta que logré pasar por casi todos los grupos del a?o e
incluso dictar un corto tiempo en un conocido instituto de comunicaciones.

Ahora, ya egresado, y formando parte de Forasteros, actor, director y dramaturgo (estoy empezando, tengo aciertos y errores ?pero quién no los tiene?), estoy contento por haber pasado por esta experiencia en el Club de Teatro de Lima. Estoy contento y agradecido de haber recibido clases de un original Gastello, enfrentar el riesgo de Paco, las experiencias de D? Amore y de Sergio (?yo le digo profe?). No, no me olvido también que en algún momento tuve el privilegio de asistir a clases de Angelita Velásquez, o de apoyar una muestra bajo la dirección de Juan Carlos Díaz (al que hasta el día de hoy no he visto molesto) También, de mis amigos, con los cuales peleé, reí, me emborraché y aprendí. A Forasteros, con los cuales sigo (y hay cuerda para rato).

Imagino que en algún momento, veré a la famosa isla Clairol (sí chicas, las que compraban el
tinte al por mayor) triunfando en la escena nacional, así como a Jorge, Miluska, y Ochoa (hoy Camerino Rojo), así como a Feffo (que es músico, compositor, actor, cantante y de vez en cuando está sobrio), o a Roberto (que es mi amigo pero no me soporta por mucho tiempo, un poco neurótico el muchacho), al nazi (?Zaferson!), a una ocurrente Isabel, entre otros. Espero en algún momento, volver a juntarnos y hacer teatro, un teatro nuevo.

No me olvido de Zarela y Melquíades, quienes se han convertido en mis amigos y grandes apoyos para cada proyecto al cual emprendo. Verdaderos obreros silenciosos del teatro.
Y tampoco de la sra. Aleja, con quien siempre tengo gratas charlas degustando de un buen café.

Saben? valió la pena la inversión.

Voy por una coke.