Ir al contenido principal

10 minutos

Llega tarde, callada se sienta y escucha muy atenta. El grupo presenta su performance, casi todo ha terminado. Pero ella va calentando, intentando no desconcentrar a nadie. Me desconcierta. La reto y hace lo que sus compañeros en escena, vive. Me llega un recuerdo cuando corría o viajaba en un taxi desesperado, cambiándome mientras un chofer medio desconcertado aceleraba en la vía expresa, lamentando mi suerte de no poder disponer de más tiempo para realizar mi sueño. Un gracias corriendo al taxista y llegar a disfrutar tan sólo media hora, treinta minutos de aquello que ya se acababa. Se va contenta, como yo cuando salía de clase. A veces pocos minutos valen la pena cuando se usan para concretar un gran sueño. Me quedo contento porque sé que ha disfrutado, descontento porque ha llegado tarde, feliz de aportado algo a sus sueños e inquieto de saber qué pasará la próxima clase, intrigado de saber si llegará temprano y esperanzado de que haga las cosas cada vez mejor. Retorno a casa, quizá soñando como ella, como todos. Mierda, no sé por qué me puse sensible. Ya no voy por una coke, ahora me acompaña el viejo Sauvignon que abriga un cuerpo de experiencias, lágrimas, recuerdos, noches bohemias, canciones, sexo, caricias furtivas y miradas nuevas, que me devuelven a esta Lima tan ella, ególatra y ora bruta, miradas que necesitan de saber que todo es posible si tienes fe. Hoy tengo ganas de seguir compartiendo lo que he aprendido y quiero, con todo el corazón, aplaudirte con estas manos que ya duelen y con estos ojos que poco a poco se me están apagando. Ya no soy más el chico inquieto, ahora soy un hombre de teatro con una gran familia, con hijos del arte. Quedo agradecido con la vida: soy el más rico del mundo, porque tengo siempre un abrazo y una sonrisa sincera, y amigos con quienes charlar y confiar, que me perdonan, me quieren. Sueño con todos y cada uno, siendo amigo y tirano, según convenga. Lo demás no importa, no existe, los elimina el universo, o quizá mi instinto. No tengo tiempo más que para hace arte, con un corazón que vive intensamente, como un purasangre. Después de muchos años comprendo: diez minutos… es un universo. 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

La Vie en Rose

- ¡Era cabro, huevón! ¡Te lo dije! - ¡Ala que feo! - Hay que joderlo nomás… - O pero mi viejo dice que los cabros son sidosos… puta, mejor ya no lo invitamos a nuestras reus. - Oe sí, que se vaya a contagiar a otro lado Yo los escuchaba, en el cole. Con mi cabello engominado, mis excelentes notas y con un montón de lágrimas en la cara. Y sí, yo fui uno de los que sufrió este tipo de amenazas, peleas, jodas y demás. Fui feliz al dejar el colegio. Un lugar donde existen reyes, bufones, hadas y brujas. Donde pueden mejorar tu vida o cagarla en una sola frase. Y la psicóloga: - Si no quieres que te fastidien, pórtate como hombrecito. Anda a jugar al fútbol. - Pero miss, a mí no me gusta… - Vaya y juegue… Y fui un malísimo portero, recibía pelotazos y la burla de todos. Porque en ese momento hasta el dolor se vuelve risa, pero una risa malvada, dura, de esas que te congelan el alma y no se puede respirar. - No lo tomes a lo serio hijo, seguro estaban jugando, mañ...

Estos celos - Canción

Siempre me gustó la música mexicana.  Y esta semana, me animé a grabar una. Aquí os la dejo, a ver qué me comentan.

Retornos

Me pasa siempre, cuando dejo los lentes en no sé dónde y tengo que salir corriendo a atender a quien está matando el timbre. De pronto, me choco con una silla impertinente que dejé en el camino. Trastabilleo, me recupero rápido y la coloco en un lado. Miro por la ventana, uno por que, viviendo solo, no quiero sorpresas y otro porque el frío está fuerte y no quiero coger un resfriado. Pero valgan verdades, lo hago más porque pienso que son los mormones, o algún otro religioso y pocas ganas me dan de apoyar y muchas de reclamar el que me levanten tan temprano. ¿Hola? ¿Tiene un minuto? Sí, dígame. Estoy buscando a Humberto Vargas, ¿vive aquí? Silencio, del que uno detesta. La miro, me da algo de familiaridad, pero no sé de dónde. El abrigo térmico que lleva casi oculta a una carita pequeña, que está mirándome fijamente. Vivió, sí. Murió hace ocho años. El chiquillo que vino con la mujer me mira con desilusión y pienso en mis adentros que he metido la pata. Entiendo… disculpe, no...