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¿A dónde vamos?


Lima, la utópica. La selva de cemento para un año venidero. Mucha algarabía y sonrisas en el rostro del pueblo. Pero se han detenido a pensar ¿a dónde vamos?

La inseguridad en las calles se ve adicionada con un aumento de tráfico infernal, mientras que los pobres telespectadores se embrutecen cada día más con los intentos disforzados de una programación nacional que a gritos pide una reforma. Algunos jóvenes liberados de una droga llamada Facebook buscan actividades que les permitan expresarse, mientras otros, adaptados al sistema decadente, buscan una oportunidad para poder estudiar en alguna universidad, con la esperanza de alcanzar una vida tradicional.

Y ¿es esto lo que en verdad queremos con nuestra gente? ¿Con nuestras vidas? Necesitamos  de la reinvención, tomando como base a aquella época, donde se podía ver a una sociedad fortalecida en principios morales y éticos. Claro está, con la adición y aceptación de nuevas propuestas de convivencia que cobran polémica (como el matrimonio y la adopción gay, o la inscripción legal de un neonato con género “X”). Es necesario saber hasta qué punto nuestra prejuiciosa moral podrá aceptar esta batahola. Mientras tanto, la tolerancia será necesaria, como buena píldora que ya le hace falta a algunas cabezas de la iglesia, quienes a veces simulan una convivencia en la era del oscurantismo absoluto.

¿Y cómo controlar el tsunami de información digital? Mientras el internet se ha vuelto un asilo perfecto para los fóbicos sociales, también ha demostrado ser el arma perfecta para aquellos inescrupulosos que ocultos bajo pseudónimos generan la estrategia perfecta para la caza de incautos. Como un cocodrilo en gallinero. Es un problema que deben de afrontar las familias, podría decirse, pero ¿de qué familia podemos hablar si hay cada vez más padres que, bajo su escasa formación y edad, son incapaces muchas veces de manejar un ordenador?

El año 2013 se nos va agitado y se viene un 2014 que avizora demasiadas expectativas. El teatro se está instalando nuevamente. Y sigo pensando que debería de existir un premio no para mejores actuaciones  (que en buena cuenta es obligación del actor) sino que exista un premio para el teatro forjador de nuevas conciencias, y extirpe a tanto producto inútil del cuarto poder. Lo otro corresponde simplemente a una burocracia fútil y un regocijo cuasi infantil, la necesidad de ser “visto” y felicitado.   

Prendo la radio, y definitivamente la noto enferma. Sí, enferma de pésimas jergas, de bromas de alto calibre a un horario familiar (¿Y el ANDA, se cansó de andar?). Como reza un spot “la radio está más cerca de la gente”, debería de existir un poco más de conciencia y regalarnos gratos momentos de cultura y diversión, que en buena cuenta pueden caminar juntas. No la releguemos solamente a dos emisoras citadinas.
La música y los ritmos actuales, que en buena cuenta son creaciones, también deberían de ser revisados. No todo lo exitoso es bueno señores.

El facilismo, el consumismo, lo chic y la megaoferta de tarjetas de créditos nos llevan a una pérdida de conciencia. Y ¿dónde están los agentes reguladores? ¿Aquellos que enseñan cómo funcionan las benditas de plástico? Claro, conviene más la deuda y el embargo que un ciudadano correctamente informado.

 ¿Y la educación señores? ¿A dónde vamos? Escuchaba hace algún tiempo a una directora de colegio protestar por no querer entrar a un concurso de plazas ¿Se teme la pérdida de la vacante? No puede ser que nuestros formadores no se encuentren preparados y que encima, se tomen la gracia de protestar y defender con uñas y dientes un puesto que poco a poco les ha ganado distancia. Este campo exige reingeniería total. Y no sólo lo agradecerán los estudiantes, sino aquellas nuevas generaciones que poco a poco ven en las pandillas juveniles un futuro más interesante.

Es necesario preguntarse entonces ¿A dónde vamos? Tomemos el timón y manejemos con mucho coraje, ánimo y tolerancia, que entre todos podremos llegar a buen puerto.

Finalmente: no hablaré de los logros, para eso están los gigantes de comunicación, ellos lo explicarán mejor que su servidor.


Próxima parada: 2014.

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