Porque lo más importante en este
momento es ser real. Porque jamás quise ni querré vivir para
trabajar. Porque soy un terco que anda en el camino más complicado,
y persiste. Porque puedo amar, sonreír, perdonar. Porque puedo mirar
a los ojos y que en los míos hallen a un soñador que no quiere
despertar. Porque mi familia me cree un loco, y mi madre me da
caricias de vez en cuando para que pise la tierra. Porque mi padre
llega a veces, y como siempre, el silencio nos une mejor que la
palabra. Porque tengo amigos que llegan, otros se van y regresan.
Porque los puedo saludar con una mano franca. Porque mi mayor
travesura aún no la he cometido. Porque amo a mi pasado y sin él no
sería lo que soy. Porque hoy me siento en mi mesa, modesta, pero
contento de haber hecho mi vida a mi manera. Porque aún juego con la
comida. Porque me gustan las caricaturas. Porque aún me sorprendo de
todo. Porque siempre me levanto emocionado a ver qué me sucede en el
día. Porque puedo despedirme con un beso. Porque toda mi vida la
luché para ser como soy y seguiré luchando hasta que las fuerzas se
me agoten. Porque sigo enamorado de todo, de todos. Porque siempre he
de encontrar a un loco que quiera subir a mi barco y soñar. Porque
hoy puedo alcanzar las estrellas. Porque siento que poco a poco estoy
dejando huella en los que amo. Porque estoy seguro que el día de
mañana agarraré mi vieja polera, haré ejercicio y aún cuando la
panza me llegue al piso, me sentiré el más hermoso de este mundo.
Porque quiero seguir robándote una sonrisa. Porque no quiero
despertar. Por todo esto, gracias a todos mis amigos y cómplices de
mis travesuras, en un mundo donde nos volvemos de acero, comemos
dinero y vomitamos desesperanza.
Cuentos y artículos.
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