Ir al contenido principal

Un poco sobre mí



Me llamo Daniel Manchego y vivo en Lima, Perú. A mis 27, miro hacia atrás y descubro muchas cosas; cosas de las que no me daba cuenta hasta ahora. Es curioso, cuando estaba en el colegio esperaba casi impaciente el timbre de salida para poder ir a mi casa, y encerrarme entre cuentos y leyendas, soĂąar con aquellos seres que cobraban vida en mi imaginación.

Hoy, soy actor, director y posiblemente, dramaturgo teatral. No sé a dónde me lleve esta nueva aventura, considerando que estoy dejando poco a poco las ciencias por las artes (no mencioné que soy analista de sistemas... ­?).

Bueno a darle. Mi ópera prima se llama <<El Orquestador>>. Ahora, preparo mi segunda obra, <<Amores Especiales>>. Es a partir de este punto que comenzaré a escribir.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

La Vie en Rose

- ¡Era cabro, huevón! ¡Te lo dije! - ¡Ala que feo! - Hay que joderlo nomás… - O pero mi viejo dice que los cabros son sidosos… puta, mejor ya no lo invitamos a nuestras reus. - Oe sí, que se vaya a contagiar a otro lado Yo los escuchaba, en el cole. Con mi cabello engominado, mis excelentes notas y con un montón de lágrimas en la cara. Y sí, yo fui uno de los que sufrió este tipo de amenazas, peleas, jodas y demás. Fui feliz al dejar el colegio. Un lugar donde existen reyes, bufones, hadas y brujas. Donde pueden mejorar tu vida o cagarla en una sola frase. Y la psicóloga: - Si no quieres que te fastidien, pórtate como hombrecito. Anda a jugar al fútbol. - Pero miss, a mí no me gusta… - Vaya y juegue… Y fui un malísimo portero, recibía pelotazos y la burla de todos. Porque en ese momento hasta el dolor se vuelve risa, pero una risa malvada, dura, de esas que te congelan el alma y no se puede respirar. - No lo tomes a lo serio hijo, seguro estaban jugando, mañ...

Estos celos - Canción

Siempre me gustó la música mexicana.  Y esta semana, me animé a grabar una. Aquí os la dejo, a ver qué me comentan.

Retornos

Me pasa siempre, cuando dejo los lentes en no sé dónde y tengo que salir corriendo a atender a quien está matando el timbre. De pronto, me choco con una silla impertinente que dejé en el camino. Trastabilleo, me recupero rápido y la coloco en un lado. Miro por la ventana, uno por que, viviendo solo, no quiero sorpresas y otro porque el frío está fuerte y no quiero coger un resfriado. Pero valgan verdades, lo hago más porque pienso que son los mormones, o algún otro religioso y pocas ganas me dan de apoyar y muchas de reclamar el que me levanten tan temprano. ¿Hola? ¿Tiene un minuto? Sí, dígame. Estoy buscando a Humberto Vargas, ¿vive aquí? Silencio, del que uno detesta. La miro, me da algo de familiaridad, pero no sé de dónde. El abrigo térmico que lleva casi oculta a una carita pequeña, que está mirándome fijamente. Vivió, sí. Murió hace ocho años. El chiquillo que vino con la mujer me mira con desilusión y pienso en mis adentros que he metido la pata. Entiendo… disculpe, no...